Por: José María Gálvez

Esperanza y certeza  son palabras que no tienen nada de parecido. Aunque en un principio pudiéramos pensar o sentir que están relacionadas, son opuestos.  Su  diferencia es  enorme, tan diferentes como el día y la noche.

La noche la relacionamos con la oscuridad y el día con la luz. Cuando no hay responsabilidad en nuestras acciones entregamos todo nuestro poder al accidente de lo externo que nos imposibilita para crear cosas en consciencia.   Hasta que decidimos tomar responsabilidad, las riendas de nuestra vida, podemos entonces pensar en ser.

Cuando no hay consciencia esperamos “resultados”,  incluso llega cualquier cosa que no es lo que deseamos y desafortunadamente se convierte en costumbre.   Si actuáramos en plena consciencia en pleno poder, en plena alineación con el corazón,   podríamos salir del área de comodidad y en donde irremediablemente culpamos a todo y a todos por lo obtenido y el “resultado”.

Cuando reaccionamos dejando de culpar  a lo que hay afuera, a lo único que podemos aspirar es a la esperanza, y podemos ver cómo se puede obtener lo que creemos que deseamos, abrazados a la suerte, quizás a los astros, dejando todo a merced del accidente, dándonos la espalda a nosotros y al poder creador.

La esperanza es el reflejo del miedo que invade nuestro pensamiento paralizándonos, abandonándonos y renunciando a vivir en nosotros mismos. El reino de Dios, está en nosotros mismos, en nuestro cuerpo físico reside  y los reyes de ese cuerpo físico somos nosotros mismos.

La certeza es cuestión de luz, es algo  verdadero, divino.

Todo resultado buscado y trabajado en alineación, en posición divina, se convierte en hecho, porque hemos creado comunión.  Hemos ejercido la voluntad. De hecho la certeza en plenitud transforma la palabra “resultado” cambiando su significado, convirtiéndose en “consecuencia.” es decir,  actúa y se manifiesta la realidad formando “consecuencia”, bendición, y la bendición es consecuencia del amor.

La certeza  es acción, cuando vivimos a Dios en acción es una bendición y entonces se presenta el amor y Dios  es amor.

Nuestra vida, nuestro paso por este mundo ilusorio cambia y se convierte en verdad cuando vivimos el cielo en la tierra. Esto significa que nuestro trabajo interno acompañado por la decisión que hemos tomado para experimentar en este plano se convierte en la única verdad tomando con seguridad y en libertad la responsabilidad de que somos hijos del creador  y que por ende no hay resultados malos – solo “consecuencias”, manifestaciones del amor, por el amor y para el amor.

 

SIMPLE HEALING
CAMINO ESOTÉRICO Y TÉCNICA PARA ALCANZAR LA PLENITUD DEL SER

El propósito de esta empresa espiritual, es la de compartir las herramientas que tenemos a la mano para que explote en cada individuo la responsabilidad de la conciencia. La intención es sembrar la realidad de poder experimentar la paz, la tranquilidad y la dicha que proporciona reconocernos por nuestra naturaleza, solo por nuestro origen Divino.

José María Gálvez Rocha, maestro sanador, fundador del método SIMPLE HEALING, conferencista, actualmente imparte talleres y cursos, colabora en diversos programas de televisión y radio compartiendo experiencias que ayudan a recordar el derecho de la paz y tranquilidad del propio ser.

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