¿Sabías que de una población de 117´053,750 de habitantes en la República Mexicana, solamente el 3.4 %  ha otorgado su testamento ante Notario Público?

Por: CLAUDIA FRANCOZ GARATE | www.fortyplusblog.wordpress.com 

El Registro Nacional de Avisos de Testamento (RENAT), ha recibido desde el 2003 hasta el 2012, únicamente 4’ 095,544 avisos de testamento a nivel nacional.

Siendo el siglo XXI, la era de la información, existen hoy en día millones de personas, que no han otorgado su testamento, justificándose con los argumentos más comunes que son: “aún no me voy a morir” o “no tengo nada que heredar”, aunado al  temor de despojo por parte del heredero o herederos designados.

Técnicamente nadie sabe cuándo va a morir. Conforme a estadísticas del INEGI al 2011, las principales causas de mortalidad a partir de los 35 años son las enfermedades del corazón, la diabetes mellitus y los tumores malignos, por lo que resulta indispensable fomentar el otorgamiento del testamento en edad temprana.

Independientemente de la existencia de bienes, si se tienen hijos menores de 18 años es conveniente designarles un tutor en su testamento. Este tutor puede ser cualquier familiar y sus funciones principales serán las de representar a los menores de edad, así como vigilarlos y continuar con su educación. Por regla general, el tutor solo podrá ejercer el cargo cuando ambos padres hubieren fallecido y no podrá disponer de los bienes de los menores, sin previa autorización de un Juez de lo Familiar. A falta de dicha designación el Juez será el encargado de nombrarlo.

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El testador es el único dueño de sus bienes y tiene plena libertad para disponer de ellos mientras viva, éstos pasarán a sus herederos hasta que éste fallezca.

El testamento es la única forma legal, segura y eficaz para que, cuando una persona fallece, sus bienes y derechos vayan a quien él decida, se puede otorgar a partir de los 16 años de edad y el procedimiento es muy sencillo: se solicita en la Notaría un cuestionario para testamento, y una vez requisitado, se entrega con copia de su IFE, Pasaporte o cédula profesional, CURP y copia del acta de nacimiento; los documentos originales deberán ser exhibidos el día de la firma.

No se requieren testigos salvo en casos especiales (no saber/poder firmarlo o no conocer el idioma español, no saber/poder leer, o carecer de la vista o del oído), o si así lo solicita ya sea el interesado o el Notario, en cuyo caso deberán presentarse con dos testigos, uno que atestigüe propiamente y otro que, además, firme el testamento a su ruego, o bien la presencia de un perito traductor, si es el caso.

Les darán una cita, en la que el testador manifiesta al Notario su voluntad, es decir, a quién o a quiénes quiere que pasen sus bienes cuando muera. El Notario, después de escucharlo y asesorarlo, redactará el testamento en una escritura, le dará lectura en voz alta ante el testador y enseguida será firmado.

¿Por qué elaborar un testamento? Porque en el testamento decides quién será: el Albacea, entregará sus bienes a los herederos; el Tutor, a quién se encomendará el cuidado y educación de sus hijos menores; y el Curador, quién vigilará que el Tutor desempeñe bien su cargo; y si se quiere, dejar una pensión alimenticia o un bien específico a una persona especial.

El testamento puede hacerse cuantas veces se desee, el último revoca al anterior, y es personalísimo, es decir uno por persona. El testamento conocido como “cruzado”, es aquel en el que los cónyuges se heredan recíprocamente, es “universal” cuando se refiere a todos sus bienes, y pueden incluirse “legados”, que es la disposición a título particular de un bien específico.

Se puede heredar por partes iguales o en porcentajes diferentes, con el derecho de acrecer (a falta de un heredero su parte pasará al otro u otros) o bien por estirpe (a falta del heredero su parte pasará a los hijos que tuviere).

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Ahora bien, ¿qué debe hacerse cuándo fallece el testador? 

El albacea nombrado en el testamento, acude a las oficinas de la Notaría, (de preferencia a una que se encuentre ubicada en el último domicilio del testador, la del lugar de fallecimiento del testador, o dónde se encuentren la mayoría de sus bienes), con el primer testimonio del testamento, el acta de defunción original y su identificación, para iniciarse el trámite sucesorio.

Si los herederos designados son mayores de edad, y no hay conflicto entre ellos, el Notario preparará una primera escritura en la que los herederos y el albacea aceptarán lo que dispuso el difunto,  debiendo hacer el Notario dos publicaciones de ello.

Posteriormente, se otorgará una segunda y última escritura en la que se hará un inventario y avalúo de los bienes, se aprobarán las cuentas de la administración y los bienes quedarán a nombre de los herederos. Esta última es la que se denomina escritura de adjudicación, en dónde se cubrirán los impuestos y se inscribirá en el Registro Público de la Propiedad, quedando concluido el trámite sucesorio.

En caso de emergencia, el Notario puede acudir al domicilio del testador o al hospital en dónde se encuentre, para que otorgue su testamento, y es en algunos de estos casos, en dónde a los Notarios nos surgen las siguientes dudas, ¿porqué esperar al último momento para otorgar el testamento?, quizá el testador ya no se encuentre capaz para otorgarlo, ¿por qué morir en el intento?

 

 

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